Inspiración

Teoría del “time out”

(O de la importancia de tener pequeños momentos para desconectarse de todo. Y, de paso, desarrollar la creatividad)

Ser novato en algo no tiene por qué ser una experiencia traumática. Por el contrario, debería ser una situación de autosuperación, un desafío divertido y, por qué no, hasta placentero practicándolo con regularidad.

¿Quién no se ha encontrado en la más completa ignorancia ante el deseo de hacer algo que le gusta, pero no sabe cómo arrancar? Con esta sensación me topé hace años cuando tomé por primera vez una aguja de crochet con una mano y el ovillo de lana en la otra. “Y éssssto?”, me dije, casi al mismo tiempo que me respondía a mí misma: “Éssssto no será lo que me impida lograr aprender a tejer”.

Cumpleaños de una amiga, allá por… la edad de piedra, si mal no recuerdo. Asistentes varios (muchos adultos cotorreros e igual cantidad de infantes cacareando)… y la abuela de la homenajeada, sentada en un cómodo sillón en un rincón, aguja en mano. Tejiendo a velocidad crucero, claro está, como toda abuela.

Hacia ella fui. “Quiero aprender pero no sé ni cómo se agarra la aguja!”. “Pues es más sencillo de lo que parece”, me respondió. Ahí ya me calmé, así que arrimé mi silla y arranqué.

Claro que desde aquel día mucho agua bajo el puente ha pasado: un puñado de asistencia a cursos, tutoriales online y ua gran veta autodidacta en mi haber. Aunque admito que las manualidades siempre me encantaron, no he dejado nunca de buscar nuevos desafíos personales en lo que a labores manuales respecta. Y por labores manuales, me refiero a todo aquello que pueda generarme placer: coser algo pequeño, bordar patrones sencillos que tanto pululan en la web, pintar y decapar algunas piezas y la vedette de mis aficiones manuales: el crochet.

Lo que destacaré de ello no es que me salga bien o mal, o lindo o feo, sino la voluntad que tuve de desear aprender, la perseverancia con la que encaré mi deseo y la constancia que mantuve para asegurarme de que lo que me enseñaron y explicaron, me sirvió, y que aprendí a disfrutarlo. ¡Y cómo! No pasa un solo día sin que dedique unos minutos a esta labor. Y es que en aprender a encontrar a diario los pequeños momentos de desconexión de la vorágine diaria es en lo que consiste la teoría del time out con la que titulo mi primera nota en este blog. 

Que nada se interponga entre tu deseo de querer aprender a hacer algo, y lograr tu objetivo. Nada, ni nadie. Y así encontrar cada día tu pequeño momento de placer para darle rienda suelta a tu creatividad.

La vie est faite de petit bonheurs

M.E.

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4 comentarios sobre “Teoría del “time out”

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